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Jóvenes que saben decidir

"Jesús fue con sus discipulos a un lugar llamado Getsemaní, y les dijo: Siéntense aquí, mientras yo voy a allí a orar. Y se llevó a Pedro y a los hijos de Zebedeo, y comenzó a sentirse muy triste y angustiado. Les dijo: siento en mi alma una tristeza de muerte, quédense ustedes aquí, y permanezcan despiertos. Enseguida Jesús se fue un poco más adelante, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, y pidió a Dios que, de ser posible, no le llegara ese momento. En su oración decía: "Ábbá, Padre, para ti todo es posible: líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú." (Mc 14, 32-36).



El relato del Evangelio nos presenta la escena que es el punto de arranque de la pasión del Señor; la antesala de una entrega total y de la manifestación de la humanidad que asumió, con un amor extremo, Aquél que es la divinidad. No hay que reducir este momento de la vida del Señor a un mero sentimentalismo, ni juzgarlo con una óptica superficial; más bien contemplemos este misterio que nos deja la gran lección de cómo se debe vivir el momento de decidir.
En este sentido sabemos que nuestra vida está llena de pequeñas decisiones; ordinariamente tenemos que pensar qué haremos en nuestro día o a que dedicaremos nuestro tiempo. Sin embargo, en un tiempo determinado, precisamos detenernos un poco y tomar una decisión más radical, aquella que implica toda nuestra vida, tanto en el ámbito profesional como en el vocacional.
En este último punto es necesario que cada joven reflexione profundamente para que pueda dicernir aquello para lo que fue llamado, ya que no se trata de algo circunstancial, sino del estado de vida que involucra su camino a la felicidad. Cada joven, en algún momento de su vida, necesita hacer un alto y reflexionar en aquello a lo que quiere dedicar su existencia. Debe ser conciente que posee facultades tales como la libertad y la voluntad para dar pasos firmes, sí, pero también debe aceptar que necesita un momento de interiorización personal para encontrarse consigo mismo y, a su vez, con el Creador. Esto hará que su decisión esté marcada por un profundo amor, el cuál le dará la certeza de que optó por lo mejor, econtrando allí lo que tanto anhela.

Reconozcamos que muchos de nuestros fracasos se deben a que no hemos puesto nuestra confianza en el Señor y nos desgastamos vanamente creyendo que todo lo podemos. Por lo tanto es preciso asumir una actitud humilde y acudir a la oración, pues en ella entablamos un diálogo con nuestro Padre. Quién más se adentra en la oración, encuentra en ella el secreto de vivir en Dios.

Carlos Agustín Cázares, msp.
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